Geosalud en casa: vivir mejor cuando el espacio empieza a trabajar a tu favor

Geosalud y percepción: la mirada de Ulrike Oswald sobre el espacio como ese aliado silencioso que puede cambiar cómo duermes, cómo piensas y cómo vives.

Hay algo profundamente incómodo en descubrir que el problema no es tu agenda, ni tu carácter, ni tu nivel de exigencia. Que el problema —o parte de él— es tu casa.

Geosalud en casa: vivir mejor cuando el espacio empieza a trabajar a tu favor | Monapart

Ulrike Oswald nació en un pequeño pueblo de Austria y vivió más tarde en Salzburgo y Viena. Su trayectoria profesional comenzó en la gastronomía y continuó en el marketing internacional, siempre en entornos dinámicos, exigentes y multiculturales: restaurantes, oficinas, hoteles, espacios corporativos. Aprendió a moverse con soltura entre idiomas, ritmos acelerados y estructuras complejas. Desde fuera, todo funcionaba. Desde dentro, no tanto.

En Viena, en plena etapa profesional intensa, empezó a sentir una fricción constante: cansancio mental, dificultad para concentrarse, una sensación de alerta permanente. Lo atribuyó al estrés, al volumen de responsabilidad, al entorno competitivo. Hasta que un día entendió algo esencial: nunca había tomado decisiones conscientes sobre el espacio donde vivía. Elegía pisos por ubicación o precio; los organizaba por practicidad o estética. Pero jamás se preguntaba cómo influían en su descanso, en su claridad mental o en su estado emocional.

Comenzó a observar cómo cambiaba su energía según la orientación de una habitación, la luz natural, los materiales, el orden o la distribución. Y llegó a una conclusión que hoy vertebra todo su trabajo: el espacio no es neutro. Influye en cómo pensamos, en cómo descansamos y en cómo nos relacionamos. Ahí nace su vocación.

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Hoy, desde Barcelona, acompaña a personas que sienten que su casa no les sostiene como debería. También trabaja con arquitectos, interioristas e inmobiliarias que intuyen que un espacio bien pensado no solo se ve mejor: se percibe mejor.

Combina Feng Shui, neurociencia y psicología del cambio para recalibrar tu casa, tu oficina o tu estudio y convertir tu espacio en un aliado real de tu energía, tu claridad y tus resultados.

Su enfoque integra sabiduría espacial tradicional y conocimiento contemporáneo sobre percepción y regulación. No impone reglas ni sigue tendencias. Lee el espacio como un organismo vivo y lo alinea con quien lo habita. La geosalud, en su mirada, no es una etiqueta: es una forma de entender que el hogar es uno de los grandes reguladores invisibles de nuestra vida.

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La casa como aliada (o como amplificadora del ruido)

Lo que más le satisface de su trabajo no es un resultado estético, sino un momento.

«El instante en que una persona deja de intentar encajar en su casa y empieza a entender qué necesita realmente para vivir bien”.

Muchas personas llegan convencidas de que el malestar tiene que ver con el trabajo, la agenda o su propia exigencia. Duermen mal, se concentran poco, discuten más, viven con cansancio constante. Cuando analizan el espacio, descubren que el entorno estaba amplificando ese ruido interno.

Al entender qué les calma, qué les estimula demasiado o qué les dispersa, empiezan a tomar decisiones más conscientes. El espacio deja de generar resistencia y empieza a generar sostén. Y cuando el sistema nervioso se regula, el rendimiento mejora. No desde la presión, sino desde la coherencia.

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Ritual, método y silencio

Su proceso creativo no es automático ni repetitivo. Aunque muchas veces trabaja online, la primera conversación es casi ceremonial. Al otro lado hay alguien que la deja entrar no solo en su casa, sino en su intimidad cotidiana: cómo duerme, cómo trabaja, cómo discute, cómo se siente.

Recibe planos, orientación, fotografías, rutinas e historia del lugar; lo describe como abrir una gran caja de puzzle donde cada pieza importa. Antes de analizar, prepara literalmente su espacio de trabajo: vacía la mesa, elimina distracciones y crea foco absoluto. A veces escucha frecuencias suaves o música instrumental limpia; enciende una vela, incluso de día; se prepara una infusión o un café.

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Hay intuición, pero también estructura. Hay sensibilidad, pero también método. Le inspiran la observación del comportamiento humano en los espacios, la neurociencia aplicada a la percepción, la arquitectura bien pensada, la naturaleza y el silencio. “Crear no es inventar algo nuevo. Es ordenar lo que ya está ahí para que tenga sentido”.

Azul aguamarina y paredes que hablan

Si hay un color que la define es el azul agua marina. Una persona cercana le dijo que era el color de su alma y desde entonces lleva a menudo una aguamarina al cuello.

Su casa cambia con ella. No la concibe como algo estático; a veces necesita más calma, otras más estructura. Huele a madera limpia, a infusión recién hecha o a aceites esenciales frescos. Busca aromas que despejen, no que saturen.

Su rincón favorito no es un sofá ni una lámpara, sino la pared. Le fascina la pintura como herramienta de transformación perceptiva y últimamente introduce curvas y óvalos en arquitecturas demasiado rectas. Tiene siempre tres tallos de bambú en un jarrón de vidrio donde puede ver las raíces: equilibrio, crecimiento y flexibilidad.

No tiene mascota, pero sí dos adolescentes de 14 y 16 años. El espacio tiene que sostenerlos a todos. Para ella, una casa no es perfecta cuando está impecable; es perfecta cuando respira con quienes la habitan.

Una fotografía en el Oeste

Si pudiera llevarse ahora mismo cualquier cosa a casa, sería una fotografía que vio en la galería YellowKorner: una niña en un lago, luz suspendida, agua en calma, sensación de libertad.

La colocaría en el Oeste de su casa, zona vinculada simbólicamente a infancia y creatividad. No sería decoración, sino narrativa visual. Una imagen puede activar memoria, emoción y dirección; puede cambiar cómo nos sentimos dentro de un espacio.

Vaciar como acto consciente

Su planazo en casa no es una cena sofisticada; es vaciar y reorganizar. Pero no desde la limpieza funcional, sino desde la intención. Con música, luz suave y atención plena, dedica tiempo a un rincón concreto entendiendo qué parte de su vida representa.

“Cuando reorganizo, no estoy moviendo objetos. Estoy ajustando narrativa”. Ordenar es preguntarse qué quiere mostrar y qué parte de sí misma está lista para hacerse visible.

La vida no es perfecta. Es ajustable.

Hay algo que no siempre se ve en su perfil profesional: le costó aprender a disfrutar de la vida. Durante años estuvo enfocada en construir “la vida perfecta”: carrera, rendimiento, expectativas cumplidas. Desde fuera parecía ordenado; desde dentro, no siempre.

Hubo una etapa de malestar sostenido que la obligó a parar e investigar. Y ahí apareció el trabajo profundo con el espacio y la geosalud del entorno. Entender que el lugar donde vivimos influye en nuestro descanso, en nuestro estado nervioso y en nuestra percepción fue revelador.

La vida no es perfecta, dice, pero sí es profundamente ajustable. Y el hogar, cuando dejamos de verlo como un simple decorado y empezamos a leerlo como regulador, puede convertirse en uno de nuestros mayores aliados.

Escrito por Claudia Romero
Periodista y Asistente de Marketing.
claudia.romero@monapart.com
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