Júlia de Hoji Ceramics: el silencio, el barro y la belleza de lo esencial
Hay vocaciones que empiezan antes de que sepamos ponerles nombre. En el caso de Júlia Hoji, comenzaron en un pequeño taller de cerámica del barrio de Gràcia, cuando era apenas una niña y su madre la apuntó a clases extraescolares.

Háblanos de ti y de tu trabajo. ¿Dónde nació tu vocación? ¿Algún primer recuerdo?
De pequeña, mi madre me apuntó a clases de cerámica en un taller pequeño del barrio de Gràcia. Recuerdo disfrutar muchísimo de esas clases. Estuve yendo seis años y siempre me sentí muy atraída por el torno, aunque no me dejaban tocarlo porque era muy pequeña.
No fue hasta muchos años más tarde que me apunté a clases de torno y me encantó la experiencia. A partir de ahí, de forma orgánica, fui haciendo más cursos, cogí un espacio en un coworking, empecé a recibir pedidos y también a dar clases en un taller. Incluso viajé a Japón para aprender con un ceramista japonés. Todo esto ocurrió en el transcurso de ocho años. Ahora tengo mi propio taller en el barrio del Clot, donde me dedico a la producción de piezas utilitarias, doy clases y organizo cursos con ceramistas de otros lugares.

¿Qué es lo que más te satisface de tu trabajo? ¿Alguno del que te sientas especialmente orgullosa?

Lo que más me gusta es trabajar con las manos, estar en un taller haciendo algo creativo y físico, y poder acompañar una pieza de principio a fin. Ser autónoma es duro, pero también tiene su lado positivo: puedes organizarte el tiempo como quieras, y eso da mucha libertad. Me hace sentirme dueña de mi trabajo y de mi tiempo.
¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración? ¿Alguna música en especial mientras trabajas?
Últimamente disfruto mucho haciendo jarrones. Durante años me centré en la vajilla, pero ahora me apetece crear piezas más decorativas. En cuanto a inspiración, me inspira todo. Puede ser un viaje, una textura, un objeto que vea en la calle… cualquier cosa.
Antes solía escuchar música en el taller, pero últimamente me encanta trabajar en silencio. Aprecio mucho el silencio porque en casa con dos niños siempre hay mucho ruido, y el taller se ha convertido en un refugio de calma.

Color, libro, peli y disco favoritos. ¡Por este orden! ;D

¿Es tu casa reflejo de quién eres? Cuéntanos a qué huele, tu rincón favorito, tu objeto decorativo o mueble fetiche, si atesoras alguna colección… Y si tienes mascota, ¡preséntanosla!
Mi rincón favorito es la cocina. Hace poco tiramos una pared y ahora tenemos todo el espacio abierto al salón, lo que me permite cocinar mientras mis hijos dibujan o juegan. Los frontales los hicimos con Cubro y ha quedado preciosa.
Tengo muchísimas fotos impresas, casi un mueble entero, porque me encantan las fotografías. Me fascinan los animales, pero vivimos en un piso y jamás tendría mascotas aquí. Si algún día vivimos en el campo, quizá sí. De momento, la única experiencia fue un hormiguero que mi hija Rita pidió por su quinto cumpleaños. Las hormigas duraron menos de un mes.
Si pudieras comprarte cualquier cosa ahora mismo y llevártela a casa, ¿cuál sería? ¡Cualquier cosa!
Un jarrón de Kansai Noguchi. Es un deseo que tiene que ver con admiración y con coherencia estética: Japón forma parte de mi historia y de mi trabajo.

Un planazo en casa siempre incluye…
Cocinar y jugar a juegos de mesa. Últimamente jugamos mucho al Dixit cuando vienen amigos a comer. Me encanta ver cómo se alarga la sobremesa entre historias inventadas y risas.
¿Tienes algún plato estrella?
Me encanta cocinar, aunque no soy una gran cocinera. Mis platos son bastante simples, pero disfruto mucho ir al mercado y escoger productos frescos. Para mí, el placer está más en el proceso que en la complejidad del plato.
¿Cuál es tu lugar favorito en tu ciudad? ¿Y en el extranjero?
En Barcelona me gusta mucho pasear por el barrio Gótico y el Raval a primera hora de la mañana, cuando hay poca gente. Viví diez años en Londres y me encanta volver de visita. Asia me fascina y me gustaría poder ir más a menudo. Mi familia por parte de padre es de Hong Kong y me considero muy fan de esa ciudad y de su comida.
Algo que nos quieras contar y que no te hayamos preguntado. ¡Habla ahora o calla para siempre!
Creo que lo que mejor me define es esta mezcla entre oficio y calma. Entre el ruido doméstico y el silencio del taller. Entre lo utilitario y lo bello. Hacer cerámica me permite vivir en ese equilibrio y me hace sentir plena.

Hacer cerámica para Júlia es, en definitiva, una forma de conectar consigo misma y con los demás, de transformar algo humilde como el barro en objetos que acompañan la vida cotidiana con delicadeza y poesía. En esa unión entre oficio, creatividad y libertad reside la esencia de su trabajo y de su manera de vivir.
