Amparo Azcutia: Hogares Compartidos contra la soledad no deseada
Amparo Azcutia y José Prieto nos hablan de Hogares Compartidos, el proyecto de vivienda compartida para mayores de 60 años que combate la soledad no deseada en Valencia
Grabamos el capítulo 6 de Gente Real en directo en Valencia, y abrimos «La Portería» a dos voces que nos hablan de lo que de verdad significa un hogar cuando se comparte.
Después de tanto hablar de futuro, de datos y de algoritmos, en este capítulo especial grabado en directo en Valencia quisimos abrir la puerta de nuestra sección más humana de otra manera. En «La Portería» solemos preguntar a un rostro conocido qué significa para él la palabra hogar. Hoy, sin embargo, la portería la abren dos personas que conocen ese significado desde un lugar mucho más profundo: la trascendencia de construir un hogar cuando ya no queda nadie con quien compartirlo.

Se acercaba la Navidad cuando grabamos este episodio, uno de esos momentos del año en que el hogar se convierte en punto de encuentro familiar. Pero no siempre es así para todos. La soledad no deseada es, como se dijo en directo sobre el escenario, la pandemia silenciosa de nuestro siglo. Por eso invitamos a Amparo Azcutia, cofundadora de Hogares Compartidos, una entidad valenciana que lleva doce años convirtiendo casas en familias, y a José Prieto, uno de sus residentes, que sabe muy bien lo que es transformar a un desconocido en compañero de vida.
¿Qué es un hogar compartido?
Amparo lo explica sin rodeos: son personas mayores de 60 años que, sin vivienda en propiedad ni ahorros, se ven obligadas a compartir techo. Muchas llegan tras una vida holgada truncada por una separación o un mal negocio; otras arrastran desde la infancia una situación de exclusión social. Nadie llega buscando a los demás, pero todos acaban satisfechos.
«Lo bonito es que entre ellos establecen grupos de convivencia sanos, afectivos y colaborativos».
Y hay algo casi milagroso en el modelo: siguen encontrando propietarios dispuestos a ceder sus viviendas a cambio de menos retribución económica, pero con la certeza de estar contribuyendo a un bien común. Hoy gestionan 16 viviendas y dan techo a 60 personas en Valencia, aunque la demanda es enorme: una media de 560 personas mayores de 60 años les piden alojamiento digno cada año.
¿Cómo encajan personas tan distintas bajo un mismo techo?
El proceso, dice Amparo, es «algo tan sutil como el feeling». Cuando queda una plaza libre en alguno de los pisos —los hay de dos, tres, cuatro y hasta cinco personas— son los propios mayores quienes eligen, entre los candidatos, con quién quieren vivir.
Tiene sentido: son ellos quienes van a compartir cada hora del día, los 365 días del año. Más allá del techo, la entidad ofrece un sentimiento de pertenencia, vida activa y voluntariado de acompañamiento. Como resume Amparo, «cuando hablamos de vivienda siempre ponemos el foco en los metros cuadrados y las transacciones, pero al final estamos hablando de familia y calor humano».
¿Cómo pueden colaborar los agentes inmobiliarios?
Amparo lanza un llamamiento claro al sector: colaborar, aportar el granito de arena que ya suman algunos compañeros, a nivel particular o de agencia. Pero también hay un papel más sutil que solo los profesionales inmobiliarios pueden jugar: acompañar a esas personas que heredan la vivienda de unos padres fallecidos y sienten miedo de alquilar o pena de vender. Ofrecerles la posibilidad de que esa vivienda siga un legado, o se destine a un proyecto noble, puede ser la puerta de entrada perfecta a Hogares Compartidos.




