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¿Loft o ático? (O ninguno de los dos)

Ático, cocina office, terraza, parquet. Palabras que vemos en el 95% de la oferta inmobiliaria actual. Palabras que dan un aire cool, o de calidad, o de exclusividad. Pero en muchos casos, palabras mal empleadas. Seguimos viendo la palabra ático denominando un último piso, vemos que se llama cocina office a una cocina americana, una cubierta pisable o un balcón se convierte en terraza (aquí la línea es algo más fina) y decimos parquet a cualquier cosa que parezca madera en el suelo. Y luego está la palabra loft, que es el cachondeo máximo.

Es por ello que hemos decidido crear el ACPURSI (Alto Comisionado para las Palabras que se Usan Regular en el Sector Inmobiliario). No descartamos cambiarle el nombre, también te lo digo…

Si buscas un poco en Google, encontrarás bastante contenido hablando de las expresiones más manidas del sector, que suelen estar compuestas en un 50% de azúcar (eufemismo puro y duro) y otro 50% de grasas hidrogenadas (tópicos extremadamente sobados, ranciofacts en toda regla). Era solo por mencionarlo, pero hoy no quería hablar de los pisos “ideales para inversores” (no aptos para humanos), pisos “coquetos” (no aptos para humanos de más de 1,10 m), o pisos “con muchas posibilidades” (me encantaría que se hablase de “probabilidad” también, sería divertido).

Seguimos viendo la palabra ático denominando un último piso, vemos que se llama cocina office a una cocina americana, una cubierta pisable o un balcón se convierte en terraza (aquí la línea es algo más fina) y decimos parquet a cualquier cosa que parezca madera en el suelo. Y luego está la palabra loft, que es el cachondeo máximo.

El loft es la croqueta de cocido del mercado inmobiliario

Hoy hablaremos de esos loft de 3 habitaciones. De esos loft que son pisos de VPO en los que se ha derribado un par de tabiques. Empezaré diciendo que, como autoridad máxima que somos, a partir de ahora será un loft lo que nosotros digamos. Y para aquel que, por lo que sea, no pueda captar las ironías, voy a hablar en serio por un momento: hay que reconocer que ciertos conceptos son difíciles de definir nítidamente, por la propia naturaleza de la arquitectura. Como el diseño en principio solo está limitado por la ley y la física (y a veces por el buen gusto), podemos encontrar elementos que no encajen dentro de una definición exacta.

Si queremos saber qué es un loft, lo primero que hay que hacer es conocer la palabra. Si nos vamos al Merriam-Webster, ese diccionario con nombre de enfermedad de las que diagnosticaba el Dr. House, veremos que la primera acepción de la palabra loft es la de “habitación o planta superior; ático”. Gracias, Merriam-Webster, por definir una palabra que genera confusión con otra palabra que genera confusión. Espera, seguimos leyendo: “Una de las plantas superiores de una nave o edificio comercial, especialmente cuando no está particionado”. Ahora sí, Merriam-Webster, ya nos vienen dos palabras en nuestra lengua para traducir loft: desván o altillo.

Ya tenemos el significado y la traducción de la palabra, pero como estamos más cerca de los arquitectos que de los filólogos, ahora vamos a indagar más sobre el uso del término. Si buscamos en la Wikipedia, cosa que era de esperar, veremos que el uso de la palabra loft aplicado a la vivienda surge en los años 50 en algunos barrios de Nueva York, en los que los artistas adecuaban espacios industriales abandonados para convertirlos en su casa (y lugar de trabajo, no lo olvidemos). Parece una versión de los hechos muy extendida y la damos por buena.

Con estos datos, vamos a proponer nuestra propia definición de loft: “Espacio abierto de uso no residencial reconvertido para su uso como vivienda”. No hemos incluido todas las connotaciones de la palabra, pero podemos intuir las siguientes: espacio poco particionado, situado en barrios con cierto pasado industrial y actualmente reconvertidos en lugares de moda (me viene a la cabeza Poblenou en Barcelona, entre otros), donde la vida y el trabajo se fusionan (muchos son, como apuntábamos, casa-estudio de gente del mundo creativo), y ahora también de nivel medio-alto (al final, son viviendas de tamaño generoso en barrios cotizados).

Vamos a proponer nuestra propia definición de loft: “Espacio abierto de uso no residencial reconvertido para su uso como vivienda”.

De un tiempo a esta parte, por lo que sea, todo el mundo quiere tener un loft. Y como no hay suficientes espacios industriales convertibles en vivienda, o porque da mucha pereza, algún que otro promotor se ha lanzado a construirlos. Hablo en tiempo presente, pero todo esto empezó con el boom inmobiliario. Y es un poco como el beicon vegano, que puede saber a beicon, tener pinta de beicon, oler a beicon, hasta engordar como el beicon, pero beicon beicon, pues no es. También tiene delito que un vegano quiera comer beicon, pero no quiero pisar ese charco.

Ahora bien, sabiendo lo que es un loft y que hay gente “fabricándolos”, hay que ser consciente que tener un loft verdadero no es garantía de nada, como tampoco lo es tener un loft “vegano”. Me explico: podemos encontrar lofts que no se ciñen a su definición pero que estéticamente cumplen con creces y también hay locales comerciales convertidos en vivienda, a los cuales podríamos llamar loft legítimamente, que son un atentado contra el buen gusto.

También hay un detalle importante en todo esto, y es que hay un componente de reaprovechamiento. El loft es la croqueta de cocido del mercado inmobiliario. Por ejemplo, conocemos alguna promoción de “lofts” que se construyeron más bien como espacios de trabajo, pero que se han ido reconvirtiendo en viviendas. Aunque se hayan construido ad hoc, pueden caer dentro de la definición. Es como “voy a construir una nave industrial para reconvertirla en vivienda”. Aceptamos barco.

Otra acepción de la palabra que aceptamos, porque somos una autoridad (recuerda: ironía), pero que tampoco es la primera que viene a la mente, es la de los lofts bajo cubierta. En Valencia (y en muchas otras ciudades, claro) existen muchos edificios de poca altura con cubierta inclinada, con un espacio entre la vivienda de la última planta y la cumbrera. Ese espacio, que en muchas ocasiones no es accesible y casi nunca es pisable, se gana eliminando el falso techo de la vivienda de la última planta, consiguiendo una altura máxima de unos 6 metros y dando pie a la posibilidad de construir un altillo. Por un lado, cumple el criterio Merriam-Webster (altillo) y por otro, cumple el criterio de reaprovechamiento. Lo que habría que ver es si cumple la ley, que eso ya es otro asunto: el espacio bajo cubierta suele ser un elemento común, con lo que es necesaria su cesión por parte de la comunidad de propietarios y también es necesario saber si se cumplen los criterios de edificabilidad y habitabilidad. Pero bueno, para nosotros es un loft.

¿Todos los últimos pisos son áticos?

Ya hemos sentado cátedra sobre un palabro, y ahora toca otro, más controvertido si cabe: el ático. Como la palabra ya nos viene en castellano, no hay que ir al Merriam-Webster, así que tiraremos de diccionario de la RAE. Hemos intentado contactar con Manuel Seco Reymundo, académico de la letra A, que suponemos que se sabrá de memoria todas las palabras de su letra, pero no ha sido posible. Y luego hemos usado el buscador de la web para obtener la definición de la RAE de la palabra ático. Pero hemos obtenido dos, una que nos enlaza con la de loft en inglés y otra que es la que tiene más interés desde el punto de vista urbanístico. La primera nos habla de “último piso de un edificio, más bajo de techo que los inferiores, que se construye para encubrir el arranque de las techumbres y a veces por ornato”. La segunda nos interesa más: “Último piso de un edificio, generalmente retranqueado y del que forma parte, a veces, una azotea”. Los áticos no suelen compartir fachada principal con el resto de viviendas, porque está unos metros por detrás, metros que sirven para generar la parte de más valor de un ático: la terraza. Damos por buena la definición, pero no nos libra de confusión. ¿Todos los últimos pisos son áticos? Rotundamente no. ¿Todos los áticos tienen terraza? No necesariamente, pero suelen tenerla. Y la terraza no es necesariamente privativa (pasa a menudo con los famosos áticos de portería, ahora hablamos de ellos). ¿Todos los edificios tienen ático? No. ¿Todos los áticos están retranqueados de la fachada? No, muchas veces se encuentran parcialmente retranqueados. En este caso podemos discutir si son áticos de verdad o no.

¿Todos los últimos pisos de un edificio son áticos? Rotundamente no. ¿Todos los áticos tienen terraza? No necesariamente.

Ahora viene la miga: Todo lo que se ofrece como ático y no lo es ni remotamente. Igual que podemos encontrar un piso convencional al que tu agencia de confianza (me encanta este slogan que usan el 180% de las agencias) llama loft porque le falta algún que otro tabique, podemos encontrar millones de áticos que tienen de ático lo que Bertín Osborne de cantante. A saber: pisos con terraza (hasta los primeros), últimos pisos (todos), pisos con un balcón grande descubierto, pisos retranqueados de fachada (aunque sea en mitad de la altura de un edificio), buhardillas post-apocalípticas, etc. Como en el caso del loft, encontraremos áticos terroríficos y no-áticos muy majos con una buena terraza. Tampoco seamos tiquismiquis. Además, pensemos en edificios que no cumplen la geometría típica, con formas piramidales o escalonadas que también pueden dar lugar a viviendas muy interesantes, independientemente de si queremos llamarlas ático o no.

Quisiera mencionar los áticos de portería, no porque sean difíciles de definir, sino porque a veces la palabra ático puede llevar a engaño (o a pagar mucho por muy poco). Conocemos ático de portería como las pequeñas viviendas en la azotea de un edificio donde antiguamente vivía el portero. Se caracterizan por ser muy pequeños, unos 40 m2 (los hay más grandes y también más pequeños), por tener acceso a la terraza comunitaria (a veces la comunidad cierra una parte para uso privativo), muchas veces no tienen ascensor directo (solo llega a la planta inmediatamente inferior y hay que subir un piso a patita), y casi siempre son o han sido propiedad de la comunidad de vecinos. Son áticos a todos los efectos, pero tienen sus contras.

¿Cocina-office y cocina americana son lo mismo?

Para terminar, me hacía ilusión hablar del término cocina-office. Un día tuve la mala idea de definir estas cocinas, de un modo “andar por casa”, como una cocina donde cabe una mesa. De repente, todas las casas tenían cocina-office. Claro, en todas las cocinas puede caber una mesa, dependiendo del tamaño de la misma y de si luego queremos seguir usando la cocina con normalidad. Afinando un poco más, se me ocurrió usar el término “cocina CON office”. Así igual se entiende mejor, porque lo que es una cocina está más o menos claro, y un office es un espacio donde tenemos esa mesa y sillas. En realidad el office no tiene por qué tener mesa, pero sí que es un espacio diferenciado, ya sea por la forma de la cocina como por una barra o isla. Una cocina-office no es una cocina americana, eso sí que está bastante claro, porque el concepto de cocina totalmente abierta dificulta que pueda haber un espacio al que llamar office. Pero una cocina-office puede estar parcialmente abierta o comunicada con el salón. Como siempre, la línea es fina y difusa.

Conclusión: estas son nuestras definiciones. Si no te gustan, puedes llamar ático a un último piso, cantante a Bertín Osborne o beicon al beicon vegano. Pero si combinas estás tres cosas, no nos hacemos responsables.