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En casa de Colita

Colita nació en pleno corazón de l’Eixample barcelonés un agosto de 1940, a la hora de la siesta y de pie. En 44 años de profesión, ha realizado más de 40 exposiciones y ha publicado una treintena de libros de fotografía. Su obra es extensísima, abarca casi 50 años de historia y todos los géneros practicables mediante la fotografía entendida como cultura. Una obra libre de tapujos, rebosante de humor, que transmite el latido del momento, ya sea una manifestación feminista, el desorden de los camerinos en la Edad de Oro del Paralelo, la vibración de la Gauche Divine setentera, el bullicio de las Ramblas o la alegría de una fiesta gitana. Su mirada es única y única es su fotografía.

colita fotógrafa

Ir a casa de Colita es un viaje en todos los sentidos. Vive en una callecita del barrio de Sants, un oasis urbano y con solera. Y una vez dentro, viajas al centro de su mundo. Porque su casa es vivo reflejo de su personalidad, y su personalidad vivo reflejo de su casa; imposible saber dónde acaba una y empieza la otra. Un món-a-part en toda regla.

Mi casa es mi cucha, mi mantita de Linus, rodeada de mis animales, recuerdos y fotos de las personas que quiero. Es el sitio del que no tengo necesidad de salir para pasármelo bien.

En casa de Colita

En casa de Colita

La encuentro ocupada, delante del ordenador, un gato encima de la mesa y muchos asuntos entre manos: una carta a Vargas Llosa, una entrevista para Harper’s Bazaar, la próxima exposición, y el proyecto que la tiene absorbida en los últimos años y que la va a absorber en los próximos: las fotógrafas pioneras del siglo XIX.

En casa de Colita

Es una persona extremadamente generosa y amante del detalle. Miro a mi alrededor y me cuesta centrar la atención en uno (además, su perro Flora no para de lamerme la mano). Hay muchas cosas, muchísimas. Su casa es una especie de museo personal y galería de arte, abarrotada de recuerdos de los amigos ilustres que su generosidad ha ido cultivando a lo largo de los años. Fotos de familia y hallazgos de sus expediciones a los encantes —«soy una trapera», me dice, «me encanta ir a los mercadillos y rescatar del olvido cosas bonitas o recuperar plantas que encuentro tiradas por la calle. Además me encanta mezclar cosas antiguas y buenas con muebles de colorines de Ikea.»

En casa de Colita

Y cuadros, muchos cuadros. Colita atesora una colección de arte que más de uno codiciaría: Leopoldo Pomés, Ràfols-Casamada, Frederic Amat, Brossa y Dalí, entre muchos otros. «No hace falta que sean Miró para colgarlos… Simplemente me gustan y ya, sean de quien sean.»

En casa de Colita

Y libros, DVD, su colección de camisetas compradas en Internet, barcos y pequeños altares que hace en sus ratos libres, y objetos de toda índole, como una Leica inmensa regalo de su hermano, un cabezudo Groucho Marx o un expositor de dentista donde guarda todas sus viejas cámaras… «Soy un poco coleccionista, pero no soy fanática», me dice. Me encuentro en la cueva de Alí Babá a lo Colita.

En casa de Colita

«Siempre he tenido mucha suerte con las casas. Nací de pie sobre esta mesa modernista (la que usa como despacho) en una casa de la calle Diputación con Paseo San Juan. Era una casa muy clásica, llena de muebles Valentí. Yo quería tener un cuarto oscuro para revelar mis fotos y mi madre no quería deshacerse de nada, así que me mudé a un piso de 200m2 en la calle Valencia con Enrique Granados. Un piso precioso, con techos artesonados y unas vidrieras espectaculares. Fue amor a primera vista. Puedo ver cientos de casas, hasta que encuentro una y sé que mi búsqueda ha terminado. Viví allí de 1975 al 2000.»

En casa de Colita

«Siempre he vivido en casas muy grandes. ¡Me gusta el espacio! ¡Necesito moverme! Además, sino, ¿dónde podría meter todo esto? Estoy rodeada de trastos… ¡Y de animales! Me obsesiona ganar espacio. Además, la fotografía genera un montón de papeleo, de negativos, de archivo… Cualquier día hago una donación de mi colección de DVD a un asilo de ancianos y me quedo tan ancha.»

En casa de Colita

Bajamos las escaleras y casi me doy de bruces con su otro perro, Blas (éste no es tan cariñoso), y me enseña la parte baja de la casa, donde hay un saloncito, la cocina, y su habitación, robada a un jardín precioso presidido por la figura de una oveja a tamaño natural. No salimos porque llueve… Así que se prepara un café y al abrir la nevera me asombra el vacío de su interior, en franco contraste con el resto de la casa… «Viendo mi nevera es obvio que la cocina no es lo mío…» Se ríe. Nos reímos.

En casa de Colita

Le pregunto sobre su querida Barcelona, a la que ha rendido tantos homenajes. «Salgo muy poco. Aquí tengo todo lo que quiero y necesito. Me encantaban Las Ramblas y la Barceloneta, pero ya nada es lo que era… El turismo barato lo ha degradado todo… ¿Y qué me dices de la Sagrada Familia? Otro tanto. Tiendas de souvenirs una al lado de la otra... ¿Y el proyecto de la nueva Diagonal? Es una vergüenza, puro teatro porque al final harán lo que les salga de los huevos… Es una pena lo que se está permitiendo y lo que se le está haciendo a la ciudad. Barcelona era una vieja dama y ahora es una vieja puta. Falta imaginación, atrevimiento y espíritu cosmopolita. Esta Barcelona ya no es mía…».

En casa de Colita

Aquí acaba mi viaje. Y camino por Sants de regreso a mi mundo, pensando en todo lo oído y aprendido esta mañana, que es mucho. Pienso en Colita y en Monapart, y cómo una ha sido cronista del pasado de esta ciudad de la que hoy se siente defraudada, y otros, desde la convicción de que una Barcelona mejor es aún posible, trabajamos para compartir con vosotros cosas, lugares, experiencias, y personas auténticas y alucinantes como ella. 

[Fotos © Gemma Buenaventura]