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Una finca de ensueño

  • 1 219 m29 habitaciones5 baños
  • Sant Gregori.Girona

La grande me encantó y la pequeña me enamoró

Pocas veces tras visitar una finca te quedarías a vivir en ese mismo momento. Aquí me pasó esto; algo me había seducido durante esas horas: las dos casas se habían confabulado y me habían atrapado dentro de aquel prado verde, de ensueño, con el cielo más azul que nunca. Es lo que tiene el hecho de mirar bien a través del objetivo antes de disparar: te proyecta dentro de cada rincón en cada habitación. En la casa grande descubrí espacios magníficos, una historia que venía de lejos dentro de aquellas piedras tan antiguas, un respeto por los orígenes en una reforma considerable, un cuidado especial por los acabados, una sensibilidad por los detalles ...

En la casa pequeña me deslumbró la pincelada personal de quien había hecho aquella rehabilitación: un porche de madera grande pero sencillo, unas ventanas importantes que hacían entrar el prado en la casa, una cocina bonita y acogedora que se unía con una sala con mucha luz, acabados antiguos combinados con detalles modernos, todo bañado por unos colores muy agradables y personales. Al conocer a su autora lo entendí: la huella del artista. Me imaginé la vida feliz que habían tenido los niños bajo aquellos porches, con el columpio mirando el prado, y corriendo por la finca inagotable. Admiré la vida del artista, saliendo de la casa para atravesar un trozo de jardín y entrar en el estudio donde el caos creativo era permitido, fuera de la vida tranquila de la casa...

Curiosamente las dos casas estaban unidas físicamente por un murete de piedra, bajo un cordón umbilical que las mantenía en contacto en medio de aquel verde inmenso. Lo vi como el símbolo del vínculo que unía los dos núcleos familiares, de diferentes generaciones, con vidas independientes conectadas con lazos fuertes, como aquellas piedras.