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Especial entre lo especial

Mi primer parejas de techo se ha hecho un poco de rogar, pero tenía que llegar en una venta muy especial en todos los sentidos. Especial por la casa, especial por los vendedores y especial por los compradores.

¿Por qué era especial la casa?

Se trataba de una vivienda en el barrio de Ruzafa. Una vivienda especial en muchos sentidos. El edificio, situado en un chaflán de Matías Perelló, siempre me había parecido muy resultón. El típico que ves y dices “ahí viviría yo”. Y doblemente resultón porque aparenta mucha menos edad de la que tiene, así que en realidad tenemos que llamarle madurito interesante (no se me ocurre mejor símil).

El edificio siempre me había parecido muy resultón. Y doblemente resultón porque aparenta mucha menos edad de la que tiene, así que en realidad tenemos que llamarle madurito interesante (no se me ocurre mejor símil).

La ilusión de recibir la llamada del propietario para vender un piso aquí solo fue superada por el momento de ir a verlo. De entrada, el zaguán es soberbio: un estanque con plantas nada más entrar, techos de madera tallados y… esos ascensores tapizados. Y ya arriba, sigue el flechazo continuo. Una puerta con artesonados y también tapizada, nos da paso a otro de estos “aquí viviría yo”. Una cocina muy luminosa y cómoda, un salón tremendo que se divide en tres espacios, mucha luz, buenas vistas…

Esta vivienda, mientras estuvo con nosotros, fue nuestro flagship, la joya de la corona, el típico que, en secreto, piensas en no venderle a cualquiera.

¿Quién vendió y quién compró?

Sus propietarios fueron de los que se les coge cariño. Eduardo, un tío elegante donde los haya (fue diseñador de calzado), así que me esperaba que cada vez que coincidía con Pedro se pusieran a hablar de relojes y zapatos. Montse parecía ser la que más ganas tenía de vender, pero después de la firma parecía la que más iba a echar de menos la casa. De ambos destacaría su buen gusto, porque todo el mundo puede triunfar con algo nórdico o minimalista, pero es más difícil lucir criterio con un piso de corte clásico.

Carmen fue quien nos llamó para ver la vivienda, que era para su hijo Marco. Pese a su nombre y apellidos, percibíamos algo alemán en ella: amable, recta pero muy razonable, y bueno, un correo electrónico .de (eso es jugar con ventaja). Una persona que nos ganó en muy poco tiempo. Si deseábamos en secreto no venderlo a cualquiera, el objetivo estaba cumplido.

El piso, mientras estuvo con nosotros, fue nuestro flagship, la joya de la corona, el típico que, en secreto, piensas en no venderle a cualquiera.

La firma fue un poquito complicada al principio, por motivos técnicos, pero puedo afirmar que fue de las más placenteras. Eso de que una vivienda tan especial cambie de manos entre personas tan especiales (y mira que el listón suele estar muy alto) da sentido completo a todo lo que hacemos en Monapart.