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Entrevista a Tete Crespí, socia de Monapart Palma, en El Mundo

El domingo 19 de junio amaneció con una entrevista a doble página a Tete Crespí, nuestra socia en Monapart Palma, a cargo de Nadal Suau para el diario El Mundo (edición Baleares). Era justo y necesario, pues estaba en clara desventaja respecto a su socio (y marido) Joan Cerdà, a quien el mismo diario entrevistó en febrero de 2015, "Voces contra la crisis". Ahora ya están en paz. ;D

Tete Crespí, agente inmobiliaria en Monapart Palma

A continuación reproducimos parte de la entrevista, pero te recomendamos que la leas entera, porque su visión sobre la situación del sector inmobiliario en Mallorca es clara, coherente y crítica. Lectura imprescindible.

[Pregunta] Monapart se reivindica como una inmobiliaria que responde a una cultura nueva para el sector. ¿Por qué?
[Respuesta] Para empezar, porque su nacimiento se produjo hace seis años, es decir, después del crack inmobiliario. De hecho, nace de las cenizas del viejo mundo. Lo que ocurrió fue que un arquitecto, José Luis Echevarría y un periodista, Eduard Solé coincidieron en un curso de ESADE en Barcelona, y vieron un agujero en el mercado que podían ocupar si aplicaban unas nuevas reglas del juego. A ellos se les sumó la abogada y editora Olga Sala.

[P] Pero entonces, ninguno de los ellos era, en términos estrictos, un profesional de lo inmobiliario...
[R] No del todo, pero al mismo tiempo era muy coherente que pudieran dirigirse hacia él: es obvio que José Luis conocía muy bien la lógica de las viviendas, y los otros el de la comunicación. Y ambos sabían que el sector inmobiliario precisaba una mayor profesionalización y, sobre todo, mucha pedagogía: a fin de cuentas, todavía hoy la gente percibe la inmobiliaria como un intermediario que se limita a pasar contactos y cobrar una comisión. Y por lo tanto, lo mejor es intentar saltársela para ahorrar dinero. Sin embargo, si hace bien su trabajo, el agente realiza un acompañamiento completo durante todo el proceso. Y en el principio de ese proceso está la tasación del producto, una de las claves de cualquier venta. La gente tiene la manía de doblar el precio al sacar un producto al mercado, con la idea de que eso les permitirá negociar después. Pero yo considero fundamental salir a precio de mercado, porque si un vecino vende una vivienda de calidades y características equivalentes por una cifra inferior, tú estás en desventaja evidente. ...  lo cierto es que el sector arrastra malos hábitos que se adquirieron mucho antes de la crisis. Y para dejarlos atrás hay que insistir en la formación técnica, porque tasar bien un producto implica manejar mucha documentación, establecer un cálculo exacto de los costes, disponer de información muy precisa, conocer bien el mercado, etc. En Monapart tasamos cada vivienda con un tope mínimo y otro máximo, y lo cierto es que luego pueden intervenir las circunstancias y urgencias de quien vende o una negociación mínima e inevitable, pero casi nunca se ha bajado más de un 5 % el precio de nuestras tasaciones. Eso es un gran éxito... además, que nuestras tasaciones sean tan ajustadas también es una cuestión de honestidad. Si sacas al mercado una vivienda por ochocientos mil euros y la acabas vendiendo por seiscientos mil, no diré que hayas intentado engañar, pero desde luego has demostrado que no creías en el precio inicial.

[P] Todo esto está muy bien, pero admita que la cultura de la negociación está muy enraizada. Y por otra parte, ¿de verdad es tan buena idea confiar en una agencia, y además sólo en una? ¿Por qué?
[R] Es cierto, parece que a todo el mundo le guste la negociación. Si no logra una rebaja, el comprador se siente torpe, sospecha que no ha andado fino. En cuanto a lo otro: bueno, si usted quiere malvender una propiedad, no necesita a una agencia, puede hacerlo por su cuenta. Pero si se anima a servirse de agencia, vale la pena confiar sólo en una porque, de lo contrario, el potencial comprador empezará a encontrársela en diferentes portales, probablemente fotografiada y descrita de formas diferentes, con precios oscilantes, etc. Esto daña al producto, lo devalúa.

[P] De Barcelona a Palma, ¿qué aspectos cambian para un negocio como este?
[R] Bueno, hay algunas ideas que en Barcelona penetran antes que en un entorno como Mallorca. Por ejemplo, allí abundan extranjeros de un perfil medio, no necesariamente en busca de productos muy caros, y eso cambia un poco el mercado. En cuanto a Mallorca, quizás mi mayor preocupación sea que cuesta encontrar el tipo de producto que nosotros querríamos ofrecer. Y si hablamos de alquiler, ni le cuento: apenas hay, sobre todo porque el vacacional lo ha distorsionado todo. Claro, en esta cuestión ahora estamos en un pequeño limbo, veremos qué pasa en septiembre con la nueva normativa y qué viviendas pueden ofrecerse como alquiler turístico.

Me parece bien que haya alquiler vacacional, es lógico y responde a las características de la ciudad. Pero si eso supone que el habitante local no pueda alquilar, hay un problema objetivo y la ciudad pasa a organizarse sólo para el turista de paso.

[P] Y a su modo de ver, ¿qué debería pasar?
[R] Me parece bien que haya vacacional, es lógico y responde a las características de la ciudad. Pero si eso supone que el local no pueda alquilar, hay un problema objetivo y la ciudad pasa a organizarse sólo para el turista de paso. Esto hay que regularizarlo, porque si no el centro puede convertirse en invivible, como el de Barcelona. Si añade a esto los compradores suecos, alemanes, etc., con un gran poder adquisitivo, los locales quedamos un poco en jaque.

[P] ¿Hay incluso riesgo de guetificación?
[R] Bueno, hay que buscar un equilibrio, porque un sueco como Mikael Landström, a quien usted entrevistó la semana pasada, se merecería la Medalla de Oro de la ciudad por recuperar partes de esta ciudad que el palmesano había desatendido. Y cuando alguien de fuera invierte en una finca del casco antiguo y la deja impecable, es difícil criticar eso. Pero al mismo tiempo, a mí me parece evidente que la ciudad va creciendo sin un modelo demasiado claro de lo que quiere ser; y las dos velocidades, local y extranjera, a causa de la diferencia de poder adquisitivo, es otra evidencia. 

En este negocio destacan dos tipos de enfoque: la inmobiliaria centrada en una zona determinada, y desde luego las que se dirigen al extranjero. Nosotros no representamos ninguno de esos perfiles.

[P] Hasta ahora, ha hablado usted de un plus de profesionalidad en su trabajo como marca distintiva de Monapart, pero buscando información como ustedes se habla de «inmobiliaria hipster» o «postinmobiliaria». ¿Qué significa eso? [R] Eso responde a la búsqueda de nuevos conceptos que se dirijan al público al que aspiramos, gente joven y que, por decirlo así, sean como nosotros: clase media local, que busca una casa tal vez no lujosa pero sí bonita, es decir con encanto, historia y arraigada en el entorno. Tenga en cuenta que en este negocio destacan dos tipos de enfoque: la inmobiliaria centrada en una zona determinada, y desde luego las que se dirigen al extranjero. Nosotros no representamos ninguno de esos perfiles. Y luego, lo que nos preocupa mucho es la relación con nuestros clientes, porque los hay que son tóxicos y parece que intentan competir contigo vendiéndolo por su cuenta, lo que no tiene absolutamente ningún sentido. Se necesita confianza mutua para que esto funcione. Nosotros intentamos ganarnos esa confianza trabajando y comercializando el producto con el máximo rigor: damos mucha información, del modo más atractivo y honesto posible, y filtrando mucho el perfil de quienes visitan cada vivienda. No aspiramos a tener a mil personas esperando para visitar un piso, ni hacemos campañas publicitarias masivas, ni nos plantamos en Jaime III con un local lleno de agentes. Nuestro trabajo es más de puertas adentro, con un pie en el diseño y otro en la arquitectura, en todo caso siempre muy técnico.